Sergio Hernández

Oaxaca, 1957

El imaginario del artista oaxaqueño Sergio Hernández se convierte en lienzos y pigmentos. Conformado por una visión estética un tanto heredera del arte prehispánico así como de tendencias formales y académicas, Sergio ha destacado habiendo plasmado el trayecto estilístico que ha recorrido como artista. Hay una clara influencia del espíritu cultural que le precede, además de mostrar cierto arraigo que siente por su pueblo natal y una fascinación por experimentar con pigmentos naturales, distintos materiales, con texturas y de vez en cuando la restricción a negros, resultado de un manejo libre y excepcional de la gráfica.

Hernández ingresa a la Academia de San Carlos, posteriormente a la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado, La Esmeralda, y también residió en Francia el tiempo suficiente para enriquecer su conocimiento de vanguardias europeas y expandir sus habilidades, para más adelante regresar a Oaxaca y producir obra con materiales como óleo, acuarela y tinta. Procurando alternativas cromáticas, utiliza la cochinilla para obtener tintas rojas, o el cinabrio como pigmento, una sustancia empleada en épocas prehispánicas para usos funerarios. También superpone capas de cera o barnices para obtener distintas tonalidades que aporten fuerza, iluminación y dinamismo en sus pinturas.

Sergio ha recibido premios como el del XII Concurso Nacional de Pintura para estudiantes en Aguascalientes en 1978, o el Primer lugar en el XV mismo Concurso Nacional en 1980, el Segundo Lugar en el Concurso Nacional de Pintura por el INBA en 1981, una Mención Honorífica en la III Bienal Iberoamericana, México en 1982, entre otros. Además, su gran potencial onírico, cromático, investigador y de fuerza cultural ha hecho que siga encontrando formas de expandir su creatividad. La obra de Hernández forma parte de museos y colecciones como de la Fundación Televisa, el Museo de Arte Moderno en México, el Museo Soumaya de México, en Alemania, París, Italia y demás.